jueves, 10 de septiembre de 2009

Lastima

La micro iba vaciá, los asientos desocupados, y estaba este señor de pie mirando la nada. Yo vivo casi al final del tedioso recorrido del bus, y el caballero no se bajaba y continuaba inmobil, sin sentarse ni bajarse de la micro. De pronto sus ojos se llenaron de lagrimas y se vio encerrado en un llanto solitario que solo yo podía presenciar. Llegó mi parada y antes de pasar por la puerta lo abrasé y le dí las gracias.

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